
Esta semana, un paciente puso nombre a algo que llevo tiempo dando vueltas. Lo llamó la Psicología Aplastante. Me pareció una expresión brillante.
La Psicología Aplastante vendría a ser aquella que se presenta como si tuviera todas las respuestas, algo asi como la psicología del cuñado. Es la que ofrece certezas cuando la vida está llena de incertidumbres. La que promete soluciones rápidas, herramientas infalibles, técnicas para dejar de sufrir en pocos pasos, para apagar de un plumazo todos los incendios. Es una psicología que simplifica la complejidad humana hasta convertirla en una lista de instrucciones.
Es, en gran medida, la psicología que triunfa en las redes sociales: mensajes que caben en un vídeo de un minuto, frases contundentes, consejos que parecen servir para cualquiera. Todo parece claro, sencillo y definitivo. Es la psicología tambien de la inteligencia artificial, una respuesta emocional prefabricada de algo que ni siente ni padece. Nunca hagas terapia con alguien que no se angustia, porque la angustia es lo que nos recuerda que somos humanos, la angustia en su debida medida, nos cuida.
Querido/a lector/a las personas no somos sencillas. Cada historia es única. Cada sufrimiento tiene un sentido distinto. No existe una herramienta que funcione igual para todos ni una fórmula capaz de resolver la complejidad de una vida.
Para mí, la psicología no consiste en aplastar la duda con respuestas prefabricadas. Consiste en abrir espacios para pensar. En aprender a formular nuevas preguntas cuando las antiguas ya no alcanzan. En escuchar aquello que todavía no tiene palabras. Escuchar es abrir una puerta o una ventana para ser visto, es posibilitar un dialogo entre nuestras partes donde antes había ordeno y mando. Es tolerar la frustración de no encontrar soluciones inmediatas. Es descubrir que crecer implica, muchas veces, aceptar que no sabemos y que precisamente por no saber, es que pueden aparecer caminos nuevos.
La «buena terapia» no impone una manera de vivir. No fabrica personas adaptadas a un modelo de éxito o bienestar. Acompaña a cada persona para que encuentre una forma más auténtica de habitar su propia existencia.
Quizá por eso desconfío de las psicologías que prometen demasiado. Porque el sufrimiento humano no necesita ser aplastado por certezas, sino escuchado con respeto. Y porque, en ocasiones, una buena pregunta puede transformar mucho más que la respuesta más brillante.