«Perder un hijo es siempre una tragedia, pero hay que elaborarlo para no quedar prendida en ese laberinto y poder ayudar a quienes están en la misma situación. La soledad nunca es una buena receta si se quiere saber la verdad. Siempre se consideró que el duelo debía hacerse de puertas adentro. Antes, las mujeres se encerraban en su dolor. . Vivían la pérdida con resignación… todo era intramuros. Actualmente, con los grupos, las mujeres se fortalecen se sienten útiles y descubren que el horror es algo que no solo pasa a ellas sino también a muchísimas otras […] Nosotras ya no somos madres de un solo hijo, somos madres de todos los desaparecidos».Leer más
Ponencia presentada en el XXI Congreso Argentino de Acompañamiento Terapéutico, Neuquén, Argentina, 2025.
«El vínculo es una matriz performativa»
Quiero comenzar por algo que parece tan obvio que corremos el riesgo de olvidarlo: -nadie llega solo al mundo, y nadie se sostiene solo en él.
Somos seres en relación.
El yo, ese yo que tanto nos esforzamos en comprender y acompañar, no es el punto de partida, es el resultado de un tejido. El yo es un fruto, no una semilla. Por eso me gusta recordar —y reivindicar— esa frase fundamental de Martin Buber que dice:
“En el comienzo es la relación”. Antes del yo está la relación. No construimos el vínculo, nos construimos en el vínculo.
Una cuestión central, y a menudo soslayada en los abordajes más divulgativos, es que el narcisista no se vincula de manera azarosa. Su modo de lazo se produce allí donde el narcisismo del otro ofrece un punto de captura. Es en ese punto donde se instituye el poder del vínculo y donde emerge el malestar.
Desde esta perspectiva, resulta clínicamente insuficiente orientar la tarea terapéutica únicamente hacia el análisis del otro: sus rasgos, sus mecanismos defensivos o sus modalidades de funcionamiento. Ese movimiento, aunque organizador a nivel discursivo, deja intacta la dimensión verdaderamente operativa del vínculo.
El trabajo terapéutico requiere, más bien, interrogar qué del propio narcisismo queda implicado en esa relación: qué expectativas de reconocimiento, qué fragilidades narcisistas, qué modalidades de sostén quedan comprometidas en el lazo con el otro. No se trata de patologizar al partenaire, sino de leer la economía narcisista que sostiene el vínculo.
Desde un enfoque vincular, la tarea clínica no consiste en “protegerse” del narcisista, sino en reconstruir el propio narcisismo: dotarlo de mayor consistencia, mayor estabilidad y menor dependencia de la mirada ajena. Un narcisismo más consolidado modifica la forma de investidura objetal y, con ello, la lógica de las elecciones vinculares.
Este enfoque es menos espectacular y menos seductor que otros discursos más extendidos, pero resulta clínicamente más eficaz. Cuando el narcisismo propio se reordena, el cambio no se verifica tanto en el nivel del relato como en las elecciones concretas del otro que el sujeto realiza.
¿Sabes qué punto de tu narcisismo queda comprometido en tus elecciones vinculares?
No puedes cambiar lo que rechazas, sólo lo que aceptas.