
Hay algo que me inquieta cada vez que escucho frases como “gestiona tus emociones”, “invierte en ti”, o “esta relación no me sale rentable”.
Lo escucho en redes, en conversaciones cotidianas, en consultas terapéuticas. Y confieso que cada vez que aparece ese lenguaje, algo en mí se tensiona.
Lo emocional se está hablando —y viviendo— como si fuese dinero.
Y siento que ahí perdemos algo esencial.
Quiero compartir aquí una reflexión personal, nacida de mi práctica clínica, de mi convivencia con pacientes, con grupos, con mis propias incertidumbres. Porque detrás de esa manera de nombrar lo interno hay una forma de vivirlo, y a veces esa forma nos aleja justamente de lo que necesitamos mirar.
Cuando el mercado entra en lo íntimo
Convertir la vida emocional en un balance de entradas y salidas puede sonar práctico, incluso moderno.
Pero en mi experiencia clínica, cuando las emociones se vuelven “capital”, “activos” o “riesgos”, lo que se empobrece no es la emoción: es la persona. Leer más

