«El contrato elimina radicalmente el margen de confianza. Necesitamos tener confianza, porque no podemos determinar por vía de ley todas las relaciones interhumanas. La confianza facilita las interacciones sociales.» Byung-Chul Han en «El espíritu de la esperanza».
En un proceso de separación, los acuerdos legales —como los de custodia, visitas o manutención— son necesarios, pero incluso los más detallados no pueden prever cada situación del día a día: cambios de planes, imprevistos en horarios escolares, decisiones sobre salud, o discusiones por diferencias educativas. Ahí es donde la confianza entre los progenitores emerge como factor esencial.
1. Más allá del papel
La ley establece reglas, pero no dicta cómo se gestiona un malentendido, Leer más
Separarse no siempre implica distancia emocional. A veces, aunque la pareja haya terminado, la agresividad, la tensión o el maltrato continúan. Y cuando hay un/a hijo/a en común, la situación se vuelve aún más delicada.
Muchos padres y madres me consultan con una pregunta clara:
«¿Qué puedo hacer si ya no quiero tener contacto con mi ex, pero compartimos la crianza de nuestro hijo/a?»
Aquí compartimos algunas claves para acompañar esta situación desde un lugar saludable, sin renunciar al vínculo con tu hijo/a ni exponerte al daño emocional.
1. Proteger tu espacio emocional es una necesidad, no un lujo
Si el trato con tu ex es agresivo, hiriente o descalificador, es legítimo que quieras poner distancia. No estás obligado/a a mantener una relación cercana si eso implica malestar o sufrimiento.
Poner límites no es egoísmo: es una forma de cuidado.
Pregúntate: ¿Qué tipo de trato puedo sostener sin perder mi equilibrio? ¿Dónde termina la necesidad de diálogo y empieza el desgaste innecesario
2. Comunicación mínima, clara y funcional
Cuando hay un/a hijo/a en común, es posible establecer una comunicación estrictamente centrada en su bienestar.
Algunos consejos útiles: Utiliza medios escritos (email, WhatsApp, apps de coparentalidad) que permitan dejar registro y bajar la tensión. Leer más
II Simposio Provincial de Acompañamiento Terapéutico 04/06/2025
Alejandro Chévez
Vivimos en un tiempo donde el signo ha reemplazado al cuerpo. La riqueza erótica, esa vibración del deseo que implicaba presencia, roce, latido, ha sido reducida a la señal, al estímulo rápido, a la imagen que no convoca más que una respuesta inmediata. Como señala Berardi (2012), en el proceso de informatización de los cuerpos, la experiencia del otro ha sido desplazada por su representación codificada: un perfil, una foto, una reacción instantánea.
La complejidad del encuentro —sus matices, sus ambigüedades, su temporalidad incierta— es cancelada. El signo funciona como una simplificación extrema de la erótica: ya no hay que habitar el tiempo de la espera, la incomodidad del acercamiento, el temblor de la incertidumbre. El signo anticipa y aplana el encuentro, lo convierte en un acto sin cuerpo.
Pero ¿qué es un cuerpo sino una relación?
No un objeto cerrado sobre sí, sino una apertura vibrante hacia el otro. El cuerpo no es mera materia; es espacio compartido, frontera viva que tiembla ante la proximidad, la alteridad, el deseo. La erótica, en este sentido, no es solo excitación ni consumo de estímulos, sino relación: una forma de estar implicado, de dejarse afectar, de ser atravesado. Leer más
Las investigaciones de Horvath y de Botella y Corbella son referentes clave para entender la importancia de la alianza terapéutica en la efectividad de los tratamientos psicológicos, y pueden ser aplicadas al acompañamiento terapéutico (AT) en tanto ambos conceptos comparten principios de vinculación, empatía y apoyo continuo.
1. John Horvath y la investigación sobre alianza terapéutica
John Horvath es uno de los autores más reconocidos en el estudio de la alianza terapéutica, y su obra es fundamental en la psicología clínica. En su meta-análisis de 2011, «The alliance in adult psychotherapy: A meta-analytic synthesis», publicado en Psychotherapy, Horvath y sus colegas analizaron datos de más de 200 estudios para concluir que la calidad de la alianza terapéutica es uno de los factores más predictivos del éxito terapéutico, incluso más que el tipo de intervención utilizada. Esto subraya que la relación terapéutica en sí misma tiene un efecto terapéutico significativo, lo cual es aplicable al AT, donde el vínculo continuo y confiable es el eje del proceso de apoyo.
2. Botella y Corbella: La alianza terapéutica como predictor de éxito
María Botella y Salvador Corbella han realizado investigaciones específicas en el contexto español sobre la alianza terapéutica, que pueden extrapolarse para entender el impacto del AT. En su obra «La alianza terapéutica: Un análisis de su relación con el resultado terapéutico en psicoterapia», publicada en 2002, los autores examinan cómo la alianza terapéutica está correlacionada positivamente con la reducción de síntomas y el logro de objetivos terapéuticos. En el AT, este principio se refleja en el apoyo constante del acompañante, que puede influir directamente en el bienestar emocional y en la adherencia al tratamiento del paciente.
Botella y Corbella también han desarrollado y validado herramientas para medir la alianza terapéutica en el contexto clínico, como la Escala de Alianza Terapéutica para Psicoterapia (EATP), que es útil para evaluar la percepción de la relación terapéutica desde la perspectiva del paciente y del terapeuta. Aunque estas escalas fueron diseñadas para la psicoterapia tradicional, su adaptación al AT permitiría evaluar cómo el vínculo afectivo y de confianza en el acompañamiento influye en el progreso del paciente en su vida cotidiana.
3. Convergencia de estudios sobre la relación entre alianza terapéutica y salud mental
Además de los estudios de Horvath, Botella y Corbella, hay investigaciones de otros autores, como Bordin (1979), quien formuló el modelo de los tres componentes de la alianza terapéutica (acuerdo sobre tareas, metas y vínculo), que son directamente aplicables al AT. En el AT, estas dimensiones de alianza permiten que el acompañante y el paciente trabajen juntos en tareas cotidianas, establezcan objetivos de mejora y fortalezcan el vínculo a través del apoyo emocional, promoviendo así cambios conductuales y emocionales significativos.
Conclusión
Estas referencias científicas refuerzan la idea de que el acompañamiento terapéutico tiene el potencial de mejorar significativamente la vida de las personas gracias a la calidad de la relación establecida, que se basa en la teoría y evidencia de la alianza terapéutica. La investigación de Horvath y de Botella y Corbella, en conjunto con modelos como el de Bordin, ofrecen una sólida base para entender cómo y por qué el AT puede ser efectivo para fomentar la adherencia, la reducción de síntomas y el bienestar general del paciente en un contexto de apoyo constante.
El vínculo, en su esencia, opera en dos niveles simultáneos. En el ámbito de la identificación, se podría decir que un vínculo nunca es sólo bueno o malo, sino que, de forma paradójica, puede ser ambos a la vez. Así, es un espacio donde conviven lo positivo y lo negativo, sin excluirse mutuamente.
En el nivel de los roles, el vínculo tampoco se reduce a categorías unívocas. En una relación, puedo ser tanto perseguidor como perseguido, maestro y alumno; no uno o el otro. Estos roles, lejos de estar polarizados, se superponen y enriquecen la interacción, dotándola de matices complejos que trascienden cualquier etiqueta fija.
Os propongo explorar hoy dos conceptos clave y aparentemente alejados: el «territorio» en la obra de Gilles Deleuze y el «vínculo terapéutico» en el contexto de la psicoterapia. Estos dos elementos, aunque nacen en campos distintos, nos invitan a repensar cómo nos ubicamos y nos relacionamos en el espacio compartido con el otro, especialmente dentro del contexto terapéutico.
Territorio en Deleuze: Más allá de lo físico
Gilles Deleuze, junto con Félix Guattari, introduce el concepto de «territorio» no solo como una delimitación geográfica, sino como un espacio existencial, una red de afectos y relaciones. En su pensamiento, el territorio es algo que creamos continuamente; no es solo un espacio físico que ocupamos, sino un entorno que configuramos a partir de nuestras experiencias, deseos y conexiones con el mundo. El territorio es un lugar donde nos asentamos, pero también donde experimentamos la posibilidad de desterritorializarnos, es decir, de salir de los márgenes conocidos para explorar lo nuevo.
En el marco de la terapia, podríamos pensar en el consultorio como un territorio singular. Pero, como en la obra de Deleuze, este espacio no es simplemente una habitación con un diván, sino un territorio afectivo y simbólico, una construcción compartida entre terapeuta y paciente. Aquí se genera una red de significados, una cartografía emocional que se traza en el intercambio continuo.
La ansiedad, conocida como la enfermedad de las preocupaciones, es un tipo de respuesta ante una situación estresante, y una de las emociones más comunes entre los humanos. Sólo nos damos cuenta de ella cuando se vuelve patológica.
Se caracteriza por elevar el nivel de activación físico y psíquico para afrontar una situación que es percibida como peligrosa.
Las sensaciones características son la angustia y el miedo. Es también una función protectora común a todas las especies.
En una etapa temprana del desarrollo humano, el miedo funciona como una señal de alarma interna que nos evita asumir riesgos que pondrían en peligro nuestra existencia. De esta forma la ansiedad, común a todos los humanos es, hasta cierto punto, adaptativa. Cuando el nivel de activación excede lo tolerable para el individuo, se convierte en malestar y adquiere un valor patológico.
La ansiedad, al igual que la depresión puede producirse por múltiples factores, y a la vez se encuentra asociada a diferentes patologías, lo cual dificulta su definición. Leer más
En el marco de las Jornadas «Hablemos sobre el Amor» celebradas en la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Rey Juan Carlos y organizadas por la Fundación Manantial, se abrió un espacio de reflexión profunda sobre el concepto del amor como una fuerza transformadora y comprometida.
Este evento, que reunió a pensadores contemporáneos y académicos, exploró diversas perspectivas que ilustran cómo el amor va más allá de una emoción efímera para convertirse en una promesa que moldea nuestras vidas.
El amor es lo que se da “entre”
Desde la infancia, el amor se nos presenta como una fuerza que desafía lo posible y lo imposible. En palabras de Olga Orozco y Mario Satz, dos poetas que han explorado la profundidad del sentimiento humano, el amor es tanto una conexión íntima como una promesa de futuro. Es un vínculo que nos compromete con otros seres humanos, una promesa que nos desafía a nosotros mismos y a nuestros seres queridos a crecer juntos.
Por este motivo, el título de esta ponencia es “El amor es esa promesa que lo cambia todo”, y lo primero quiero contaros es que el amor se da siempre “entre”, entre tú y yo, entre uno y el otro. Por lo tanto, se funda un vínculo: nacemos, crecemos, amamos y morimos en vínculos. Leer más
La Psicología Relacional no es una escuela teórica, sino que es el resultado del aporte de la transformación sucedida en diferentes escuelas a partir de la transformación epistemológica y tecnológica producida a partir del siglo XX, en la que según el paradigma tradicional, la unidad de estudio era un objeto que debía aislarse del contexto al modo de la física, mientras que en el nuevo paradigma la unidad de estudio es las relación y las interacciones que el objeto establece con su entorno y consigo mismo. Leer más
Muchas personas presentan de una u otra manera “trastornos” en el área de la personalidad cuyo fundamento es vincular, ya que es en el vínculo, el terreno donde se despliega las características puntuales del diagnóstico en todo su esplendor. La tarea es entonces reconocer los indicadores que nos permiten identificar el TLP de otros diagnósticos, así como reconocer si hay un tipo de personalidad predominante. Esto tiene sentido en cuanto da pistas del riesgo suicida y fundamentalmente del foco del conflicto.
Cada tipo de personalidad establece tambien una modalidad relacional específica, por lo que, desde una perspectiva vincular, considero fundamental centrar la evaluación en esta área. Al trabajar en el ámbito privado, solo utilizo escalas en el caso informes judiciales, pero fundamentalmente me guío por una entrevista clínica semi estructurada que recoge la siguiente información (expongo aquí una síntesis) que supone el inicio de una evaluación continua, que actualizo en función de sucesos vitales que van aconteciendo a lo largo de la terapia (emancipación, pareja, estudios, paternidad, duelos):
Familia: Historia familiar e individual, antecedentes, vínculo con los padres, exploración de las relaciones familiares por medio de dinámicas activas, genograma, dificultades en la individuación/desvinculación de la familia. Rol en la familia de origen y actual. Efectos de la sintomatología en el funcionamiento de la familia.
Emergencia subjetiva: Situación actual (síntomas), influencia de los síntomas en la vida cotidiana, ciclo vital, recursos de afrontamiento, gestión emocional, integración/disociación emocional y su conciencia de sus efectos en el entorno (pasividad/impulsividad). Nivel de mentalización de la conducta y sus efectos.
Social: Vivienda, situación laboral, estudios, capacidad de implementación de sus recursos profesionales. Evaluación de la red social de apoyo (en cantidad y cualidad según criterio de Sluski). Otras habilidades sociales.
Específicas del tratamiento: demanda, derivación, participación de la familia en el tratamiento, implicación, experiencias previas, expectativas. Focalizo en la alianza terapéutica y la validación de las experiencias subjetivas.